Sin ti no puedo.



            Hoy te he visto pasar por delante de la tienda, como cada día, con paso decidido, demostrando al mundo que eres una persona enérgica, con espíritu de lucha y convencimiento de éxito.
            Hoy vi valentía en tus ojos, esos hermosos ojos azules que invitan a visitar lo más profundo del mar albergado en ellos. Hoy decían que lo ibas a hacer, que darías ese paso importante en tu vida. Anunciaban que darías el sí a la persona que amas, al que te pidió en matrimonio y que, tus dudas, no te habían permitido responderle aquella misma noche.
            Mientras me contabas la manera en la que se arrodilló ante ti, y te pidió que fueras su esposa, las lágrimas afloraban intentando escaparse de los ojos más hermosos que haya visto jamás. Conseguiste evitarlo, pero, tu semblante, me dejó claro que el amor que sentías hacia aquella persona estaba por encima de cualquiera razón que te hiciera desandar el camino.
            No entiendo muy bien por qué no le dijiste que sí en aquel momento. Por qué tuviste que excusarte en que debías hablar con tu madre enferma, que necesitaba de tus cuidados y a la que ni podías ni querías dejar sola. Comprendo la razón, pero con amor se puede todo. No deberías haber esperado para darle el sí que, tal y como se reflejaba en tu caminar decidido y vigoroso, le ibas a dar en cuanto le vieras.
            Hoy te vi tan hermosa. La sonrisa dibujada en tu cara me confirmaba que todo lo que estaba pensando se iba a cumplir, que ibas a dar aquel paso sin pensar en nada ni nadie más, sin sopesar los daños que tu decisión podrían causar en aquel que te veía pasar cada día por delante de su lugar de trabajo y que jamás había conseguido sacar fuerzas suficientes para declararte sus sentimientos hacia ti. Alguien que durante los últimos dos años, había estado cerca, casi en la sombra, como un furtivo esperando que su presa dé síntomas de fatiga o debilidad. Esperando que la otra persona no diera nunca el paso definitivo y poder estar a tu lado intentando recoger los trozos de tu corazón destrozado y aprovechar la oportunidad para que vieras en esa persona a alguien más que un simple amigo.
            Hoy te he visto pasar por delante de la tienda y me ha quedado claro que deberé seguir agazapado en la sombra, porque eres una presa inalcanzable y no es necesario seguir detrás de ti. Porque la energía y el vigor que desprendías al caminar, me confirmaba que tu decisión era incuestionable e inapelable.
            Sí, hoy te he visto pasar por delante de la tienda, como cada día durante los últimos años y al contrario de todos los anteriores, hoy me he dado cuenta que estás más lejos de mí que nunca antes.
            Debería haber sido más valiente y hablarte del amor que siento por ti. Debería haberte explicado los sentimientos que asoman a mi corazón cuando te siento cerca. Nunca debí ocultarte la sonrisa que se forma en mi rostro cuando pienso en tus ojos y que mis clientes notan.
            No podré perdonarme jamás no haberte dicho lo que siento, lo feliz que me has hecho durante todo este tiempo al venir a visitarme, al contarme tus secretos, al considerarme tu amigo. Pero quería más, mucho más. Y no fui capaz de expresarlo. Maldito el miedo al rechazo que me atenazaba el corazón cada vez que intentaba sacar fuerzas de donde no había y decirte lo enamorado que me has tenido siempre.
            Hoy me he dado cuenta de que, sin ti, no puedo sonreír. Sin ti no puedo trabajar, ni esperar, como cada mañana, apoyado en el mostrador para verte pasar y volver a sonreír y suspirar mientras disfruto del movimiento de tu cuerpo, acariciando la acera por la que caminas.
            Hoy me he dado cuenta de que, sin ti, no puedo respirar.
            Confío que el futuro que te aguarda, sea feliz, duradero, enriquecedor y colme tu existencia de todo lo bueno que mereces y que yo jamás te podría haber dado; aunque habría sido un hombre feliz intentándolo.
            Desde donde me encuentre a partir de ahora, en el momento que acabe esta carta, intentaré cuidarte, agazapado en la sombra para velar por ti, como siempre lo he hecho hasta ahora, pero sin el corazón roto por no poder amarte como me gustaría, sino con él henchido por verte feliz.
            Hoy te he visto pasar por delante de la tienda, y me he acabado de convencer de lo mucho que te quiero y que ese amor por ti, me obliga a dar este paso. Debo dejar atrás todos mis errores y afrontar el futuro con determinación y convencido de que es el camino correcto. Tengo la seguridad de que, este salto al vacío que voy a dar, romperá mi cuerpo, pero no mi corazón, de que mis sentimientos me llevarán a un lugar mejor del que estoy ahora, ya que, SIN TI, NO PUEDO VIVIR.

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Entre la oscuridad y el miedo - (c) - Carlos Martinez Prieto